A través del arte uno puede incomodar a un espectador. Puede incluso incomodarlo tanto que no pueda hacer más que involucrarse con la obra volviéndose un participante activo; de eso se trata, de llegar hasta allí cómo sea para plantear el mensaje en cualquiera de los lenguajes: multiplicidad, mezcla, inclusión; todas las herramientas del arte de todos los tiempos al servicio de un nuevo tiempo. Podríamos decir que es una era en la que vale todo, nuevas narrativas, varios lenguajes, tomar todo y transformarlo, romper estructuras y poner el cuerpo para ello mostrando las posibilidades en otras dimensiones: altura, espacio, velocidad, dimensión, tiempo, volumen, ritmo, iluminación, sonido, líneas, formas, colores, textura, objetos, mímica, danza, gesticulación, entonación, emoción, decorado, plástica, etc. Cada uno de éstos medios tiene su poesía propia, intrínseca; y además tiene otra poesía que nace de sus posibles combinaciones con los otros medios de expresión. Ésta poesía se expande en el espacio cómo un lenguaje-signo. Cambiar el plano de enfoque, nuevas miradas, rotura–ruptura sensoperceptiva, generador de metáforas. Un lenguaje creado para los sentidos que debe ante todo satisfacerlos; una poesía compleja que asume múltiples aspectos.
El arte tiene un rasgo particular y es que sus ambiciones principales no son sólo estéticas. Se trata de un modo primario de relación que no es el del clásico observador, sino con otros aspectos de las personas a las cuales se dirige ese arte. No hay intención de imitar la realidad.
El arte será un doble no de esa realidad cotidiana y directa de la que poco a poco se ha reducido a ser la copia inerte, sino de otra realidad peligrosa y arquetípica. Un arte que transforme a los hombres y mujeres sociales, sometidos a leyes y deformados por preceptos, por hombres y mujeres totales.
Se trata de hacer del arte, una herramienta para la nueva sociedad del tercer milenio; una sociedad múltiple que debe reconocer lo propio, que debe vivir en armonía con su medio y adoptar una responsabilidad consigo misma; una sociedad que debe dar salida a sentimientos reprimidos u ocultos en otros tiempos, en la que necesariamente se debe rescatar el valor humano por sobre cualquier estructura económica y tecnológica; liberando los mitos del hombre y de la vida moderna. Se trata de moverse a un nuevo nivel de pensamiento en el que el arte sea un lenguaje de autoconciencia. Nuevas imágenes de pensamiento que posibiliten maquinar deseo.
Pensar la vida en términos de totalidades, de identidad rígida, es un síntoma, una manera de anular la diferencia, la multiplicidad. Es en éste sentido, una voluntad de poder y de pensamiento desviado que no afirma la vida, sino que por el contrario la condena a componerse en un todo inmóvil, a volverse parte de un promedio.
Tenemos sobre todo la necesidad de vivir y de creer en lo que nos hace vivir; y lo que brota de nuestro interior misterioso no debe aparecérsenos siempre cómo preocupación. Transitar esta búsqueda es enfrentarse a una verdadera revelación del ser.
Seamos seres capaces de comunicarnos y comprometernos con la naturaleza y el cosmos; éste es el puente más directo al amor como el valor fundamental, capaz de detener guerras y de unir a la humanidad.
El arte nos restituye todos los conflictos que duermen en nosotros, con todos sus poderes, y da a esos poderes nombres que vemos cómo símbolos, y ante nosotros se desarrolla una batalla de símbolos, lanzados unos contra otros en una lucha inmensa, pues es allí, en esa catarata de símbolos en donde comienza nuestro arte, cuando la escena recalienta los símbolos realizados. Éstos símbolos, signos de fuerzas maduras, esclavizadas hasta entonces estallan cómo increíbles imágenes, que otorgan derechos de existencia a actos que son hostiles por la naturaleza a la vida de las sociedades.
El arte es revelación, manifestación, exteriorización. Desata conflictos, libera fuerzas, desencadena posibilidades; hay en él una especie de luz en donde parece que lo difícil y aún lo imposible se transforman de pronto en el elemento "normal".
El arte impulsa al hombre a que se vea tal cual es, hace caer la máscara, descubre la mentira, la debilidad, la bajeza, la hipocresía del mundo, sacude la inercia asfixiante de la materia que invade hasta los testimonios mas claros de los sentidos; revela a las comunidades su poder, su fuerza oculta, los invita a tomar una actitud heroica y superior que nunca hubieran alcanzado de otra manera.
El arte tiene un rasgo particular y es que sus ambiciones principales no son sólo estéticas. Se trata de un modo primario de relación que no es el del clásico observador, sino con otros aspectos de las personas a las cuales se dirige ese arte. No hay intención de imitar la realidad.
El arte será un doble no de esa realidad cotidiana y directa de la que poco a poco se ha reducido a ser la copia inerte, sino de otra realidad peligrosa y arquetípica. Un arte que transforme a los hombres y mujeres sociales, sometidos a leyes y deformados por preceptos, por hombres y mujeres totales.
Se trata de hacer del arte, una herramienta para la nueva sociedad del tercer milenio; una sociedad múltiple que debe reconocer lo propio, que debe vivir en armonía con su medio y adoptar una responsabilidad consigo misma; una sociedad que debe dar salida a sentimientos reprimidos u ocultos en otros tiempos, en la que necesariamente se debe rescatar el valor humano por sobre cualquier estructura económica y tecnológica; liberando los mitos del hombre y de la vida moderna. Se trata de moverse a un nuevo nivel de pensamiento en el que el arte sea un lenguaje de autoconciencia. Nuevas imágenes de pensamiento que posibiliten maquinar deseo.
Pensar la vida en términos de totalidades, de identidad rígida, es un síntoma, una manera de anular la diferencia, la multiplicidad. Es en éste sentido, una voluntad de poder y de pensamiento desviado que no afirma la vida, sino que por el contrario la condena a componerse en un todo inmóvil, a volverse parte de un promedio.
Tenemos sobre todo la necesidad de vivir y de creer en lo que nos hace vivir; y lo que brota de nuestro interior misterioso no debe aparecérsenos siempre cómo preocupación. Transitar esta búsqueda es enfrentarse a una verdadera revelación del ser.
Seamos seres capaces de comunicarnos y comprometernos con la naturaleza y el cosmos; éste es el puente más directo al amor como el valor fundamental, capaz de detener guerras y de unir a la humanidad.
El arte nos restituye todos los conflictos que duermen en nosotros, con todos sus poderes, y da a esos poderes nombres que vemos cómo símbolos, y ante nosotros se desarrolla una batalla de símbolos, lanzados unos contra otros en una lucha inmensa, pues es allí, en esa catarata de símbolos en donde comienza nuestro arte, cuando la escena recalienta los símbolos realizados. Éstos símbolos, signos de fuerzas maduras, esclavizadas hasta entonces estallan cómo increíbles imágenes, que otorgan derechos de existencia a actos que son hostiles por la naturaleza a la vida de las sociedades.
El arte es revelación, manifestación, exteriorización. Desata conflictos, libera fuerzas, desencadena posibilidades; hay en él una especie de luz en donde parece que lo difícil y aún lo imposible se transforman de pronto en el elemento "normal".
El arte impulsa al hombre a que se vea tal cual es, hace caer la máscara, descubre la mentira, la debilidad, la bajeza, la hipocresía del mundo, sacude la inercia asfixiante de la materia que invade hasta los testimonios mas claros de los sentidos; revela a las comunidades su poder, su fuerza oculta, los invita a tomar una actitud heroica y superior que nunca hubieran alcanzado de otra manera.
ausencia. video-danza
video rodado durante el año 2008 en villa general belgrano, argentina.
video rodado durante el año 2008 en villa general belgrano, argentina.
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